Peñarol revivió el grito

Peñarol volvió a la sonrisa, 3:2 frente a Liverpool en el Campeón del Siglo. Perdía, pero se levantó con el gol en contra y con los dos de Terans. Ganó en el regreso de Saralegui como técnico.

David Terans y su festejo de gol junto a Facundo Pellistri. Foto: Marcelo Bonjour

Peñarol se abrazó al triunfo, 3:2 frente a Liverpool, en el reestreno de Mario Saralegui como entrenador. Volvió a la sonrisa en el Estadio Campeón del  Siglo por el Torneo Apertura, luego de una semana de cimbronazos, como suele suceder en los grandes cuando cambian el cuerpo técnico, y logró un triunfo con decisión. En cinco días, el nuevo entrenador –sin tiempo significativo de trabajo- decidió realizar ajustes en el equipo: Fabricio Formiliano en la zaga, Cristian Rodríguez en el mediocampo y Facundo Pellistri arriba, por derecha, con Facundo Torres a la izquierda. El  aurinegro superó la inseguridad que padeció en el comienzo cargado de dudas por el gol de Hernán Figueredo, y se recompuso. Terminó con sufrimiento y con alivio.

La presión que ejerció con velocidad le originó espacios para desequilibrar. Despejó todos los males que sufrió hasta el final, cuando la pelota llegó al área en envíos aéreos. David Terans resultó determinante en ofensiva, para transformar la adversidad en alegría. Saralegui, en cinco días, se la jugó por Fabricio  Formiliano en la zaga, Cristian Rodríguez en el mediocampo y Facundo Pellistri al ataque por la derecha. La velocidad, con Facundo Torres a la izquierda, le dio rédito al carbonero para dar vuelta el partido. La reacción no pasó inadvertida, teniendo en cuenta la carga que el equipo sobrellevaba de caerse ante el primer revés. En 45 minutos, se impuso 3:1. Y el DT liberó el merecido grito en el tercero.

Liverpool recorrió el camino opuesto. Salió con todo, consiguió la ventaja y pudo haberla aumentado. Sin embargo, se cayó en la primera parte. No disimuló sus desatenciones en la defensa, y entonces, a pesar de la generación y de las posibilidades de las que dispuso en la remontada del cierre, no le alcanzó.  Mandó en todas las pelotas de arriba. Y Kevin Dawson pasó de levantar vuelo en una atajada fantástica ante Ocampo al error grosero en el gol de Hernán Figueredo –en posición polémica, porque parecía adelantado- que le pasó entre las piernas. El gol de Correa le dio esperanza en el 3:2, aunque no le alcanzó.

A partir del empate, el desarrollo se hizo diferente. El aurinegro sintió el impacto del comienzo y se  mostró vulnerable en zona defensiva. Sin embargo, se reconvirtió. Asimiló el golpe y empató en el córner de Terans que terminó con el tanto en contra del zaguero Gonzalo  Pérez.  

Cristian Rodríguez cargó la izquierda y pasó cerca. Y el zurdazo de Terans, potente, sorprendió al arquero Lentinelly, marcando la diferencia, 2:1. Más tarde, en el envión, en la presión y arremetida, el propio Terans -pura eficacia y velocidad- modificó la trayectoria de la pelota y conquistó el 3:1. La eficacia subsanó la debilidad de fondo porque, cada vez que el rival llegó, Dawson debió exigirse al límite.

En la segunda parte, Peñarol aprovechó los espacios con el vértigo de Pellistri y de Torres. Lentinelly salvó el cuarto. Hubo oportunidades para aumentar. Fabián Estoyanoff saltó a la cancha por primera vez en el Apertura. Liverpool empujó. Se puso 3:2 con el gol de Correa y peleó en los minutos adicionales. Terans fue a la cabeza y Lentinelly tapó, una vez más en la contra de Estoyanoff  a Terans.

Peñarol cosechó así tres puntos para la alegría. Y, como si fuera poco, recuperó el ánimo en el primer paso de Saralegui al frente de su tercera tapa como entrenador.

Fuente: Tenfield

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